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latencias
resonancias
 


Antes que el artificio o la forma construida está la Vida, lo latente, que como el corazón del habitante, a cada latido se renueva.

La gran tarea de los hombres, no ya solo de la arquitectura, es estar al servicio de la vida, y para eso es necesario, en primer lugar, comprender sus procesos.

El ser humano, a diferencia del resto de las criaturas vivientes que se conocen, es un ser bio-cultural. En su proceso evolutivo va desarrollando formas de expresión cada vez más complejas y sofisticadas, que dan lugar a los más diversos modos de relacionarse con el mundo o lo que queda fuera del propio cuerpo. Códigos, símbolos, ... lenguajes que nos permiten construir territorios comunes para el encuentro, cuyo objetivo último es facilitar el intercambio y una comunicación más abierta, más rica, más fluida. Pero no siempre resulta ser así.

Hoy, inmersos en esta red compleja de capas y capas de condicionamiento, de influencias intergeneracionales y multiculturales, se nos ofrece una arquitectura que es capaz de renunciar a lo arbitrario e insustancial; una arquitectura necesaria.

Una arquitectura que con la máxima sencillez, integra nuestra condición biológica y existencial con la contemporaneidad de nuestro lenguaje. Un lenguaje global que potencia lo local mediante la gestión productiva de los recursos propios de nuestra localización. Incrementamos así el rendimiento natural de aquello con lo que ya contamos. 

Una arquitectura que coloca el verbo HABITAR en el lugar más alto de su proceso creativo. Un verbo que engloba la esencia de lo humano; el habitante que piensa, que juega, que sueña, que crea e inventa lo cotidiano,... que disfruta de sentirse vivo y crece en sintonía con un entorno que lo entiende, donde finalmente se siente libre y al mismo tiempo protegido. 

Arquitectura necesaria
que ofrece al hombre un lugar donde su vida protagoniza la escena contemporánea en este presente siempre cambiante, atemporal, inasible... vivo

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